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Carisma y Espiritualidad

"Vivir en obsequio de Jesucristo"

Nuestra Orden religiosa fue fundada por nuestra madre santa Teresa de Jesús con el apoyo de nuestro santo padre Juan de la Cruz.

Nosotros los carmelitas descalzos vivimos en comunidad, buscando la unión con Dios por medio de la oración, la fraternidad y el apostolado, a ejemplo de María, Reina y Hermosura del Carmelo, para ser testigos de su amor en medio del mundo.

Nuestro ideal es sencillo y exigente a la vez: “Vivir en obsequio de Jesucristo”, siguiendo su camino en el silencio, la oración y el servicio.

Oración

La oración es el corazón de nuestra vida. Nuestra madre santa Teresa nos enseñó que “orar es tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama” (V 8,5).

En efecto, los carmelitas descalzos buscamos que la amistad con Dios transforme nuestra existencia, de modo que la oración no nos aparta del mundo, sino que nos impulsa a mirar la realidad con los ojos de Cristo y a llevarla en el corazón. Los carmelitas descalzos estamos llamados a cultivar la amistad con Dios.

Fraternidad

Nuestra vida de oración se refleja en la fraternidad, en nuestras relaciones fraternas, es decir, en la capacidad de vivir como verdaderos hermanos, a ejemplo Jesucristo.

Como carmelitas descalzos, vivimos en comunidad, conscientes de que Dios nos ha llamado al Carmelo, para compartir la fe, el trabajo y la vida cotidiana con sencillez y alegría. Ya nuestra santa madre nos decía: “Aquí todas han de ser amigas, todas se han de querer, todas se han de amar, todas se han de ayudar” (CV 4,7).

Apostolado

El apostolado de nuestra Orden brota de nuestra experiencia de oración y de nuestra vida comunitaria. En efecto, los carmelitas descalzos queremos comunicar a los demás nuestra propia experiencia de Dios de un Dios misericordioso, acompañando a los demás en sus propios procesos de fe, a encontrar a Dios en medio de lo cotidiano, de modo que seamos testigos de la experiencia de Dios.

Nuestra misión es hacer presente el amor de Cristo allí donde estemos, recordando al mundo junto a nuestra madre santa Teresa, que “solo Dios basta”.