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El Carmelo Descalzo en el Perú
Desde hace mucho tiempo se anhelaba la presencia de Padres Carmelitas Descalzos en América; en 1896 se inicia la correspondencia de las Madres Carmelitas Descalzas con los padres superiores de la Provincia carmelitana de Navarra, son consultas litúrgicas y pedidos para una fundación en Perú. Las primeras cartas con este pedido son dirigidas a P. Ezequiel desde Ayacucho, Carmen Alto de Lima, Arequipa y Cuzco.
Ante la insistencia, el P. Ezequiel decide enviar a los padres Ernesto y Epifanio; ambos emprenden su viaje el 27 de mayo, arribando al Callao el 2 de julio de 1897 y se dirigen por tren hacia Lima, al Monasterio de las Madres Carmelitas Descalzas de Carmen Alto. Grande fue la sorpresa de las madres al ver a estos dos frailes, pues nunca habían visto, hasta entonces, a un Carmelita Descalzo, más que en estampas.
El 7 de julio parten a Arequipa, llegando el 10 de julio al puerto de Mollendo; al igual que en Lima, la sorpresa y alegría de las monjas fue desbordante. En una carta al P. Ezequiel, el P. Ernesto le informa sobre las posibilidades de fundación en la ciudad de Arequipa y la fervorosidad con que el pueblo celebra las fiestas de la Virgen del Carmen.
Pasadas las fiestas continúan su viaje a la ciudad de Cusco. El mismo escenario se repitió con las monjas de Cusco: no cabían en su felicidad al ver en camino la ilusión de más de dos siglos. El Obispo les ofrece la iglesia de la Compañía y las madres prometen construir el nuevo convento a lado de la iglesia y, para su sustento, 1600 soles anuales por Misas y predicación. Sin embargo, también observan inconvenientes para el establecimiento de la Orden en Cusco.
El 05 de octubre, reciben la licencia para fundar en Arequipa o Cusco, pero sin posibilidad de ser capellanes de las monjas. Ambos frailes parten para Arequipa, las madres les facilitaron habitación y comida mientras ellos conseguían un lugar adecuado para el convento, pero nuevos inconvenientes se presentaron.
Por Arequipa se encontraba un fraile franciscano, Antonio María Rodríguez, quien habló a los carmelitas las facilidades que tendrían en Chile para fundar. Luego de un mes más en Arequipa, buscando alguna posibilidad para establecerse, parten el 4 de febrero de 1899 desde Mollendo con destino a Valparaíso.
La historia de la presencia de los hijos de Santa Teresa en Chile será otra, pero es desde esas tierras donde se encuentre respuesta a un nuevo pedido de las Carmelitas Descalzas de Trujillo para una fundación de los frailes en esa ciudad. Es el año de 1911, la Priora del Monasterio de Trujillo, madre Rosa Elena del Corazón de Jesús y el Obispo de la diócesis, Monseñor Carlos García Irigoyen, habían solicitado en repetidas ocasiones la visita de los padres al norte del Perú para ver si era posible una fundación. La respuesta llegó desde Chile, el P. Celedonio, visitador provincial que residía en Chile, manifestó la posibilidad de visitar dicha ciudad. Su estancia en Trujillo le permite ver la labor espiritual que podían realizar, por eso vuelve a Chile para informar al General de la Orden y pedirle licencia para fundar. El Definitorio Provincial, en reunión ordinaria del mes de mayo de 1911, aprobó en principio la fundación.
El 6 de junio de 1911 desembarca en el puerto de Salaverry, procedente de Chile para iniciar la fundación, el P. Amando de la Virgen del Carmen (Antonio Gonzáles Sáinz), se hospeda en la casa del capellán de las Madres Carmelitas Descalzas; tan pronto como llego empezó a refaccionar la que sería la casa conventual que era propiedad de las madres. En este lapso se dedicó también a practicar un activo apostolado de predicación y atención espiritual en dicha zona, lo cual le permitió ir ganando la simpatía de la ciudad.
El 21 de noviembre de 1911, llegan de España el P. Eduardo de Santa Teresa (Carlos Hernández) y el hermano Simón de la Virgen del Camino (Irisarri Muniain). Con la llegada de ambos quedaba conformada la primera Comunidad de Carmelitas Descalzos en el Perú bajo la presidencia del P. Eduardo de Santa Teresa, desarrollando los distintos trabajos apostólicos en los que eran solicitados y viviendo la observancia propia de la Orden.
En 1912, luego del capítulo provincial, es destinado a la naciente comunidad en Perú, el P. Venancio de Santísima Virgen (Arana Idígoras), quien llegará el 11 de febrero de 1913; con él, la comunidad quedo establecida así:
- P. Eduardo de S. Teresa – Superior
- P. Amando de la Virgen del Carmen – Conventual
- P. Venancio de la Santísima Virgen – Conventual
- Hno. Simón de la Virgen del Camino – Conventual