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Los Santos del Carmelo Descalzo
"Memoria viva del espíritu carmelitano"
El Carmelo Descalzo es un jardín fecundo donde el Espíritu Santo ha hecho brotar innumerables flores de santidad. Desde Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, sus santos padres, hasta los santos y beatos de cada etapa de la historia, todos han recorrido el mismo sendero interior: el camino del amor que todo lo entrega, de la oración que une el alma con Dios, y de la vida que se hace ofrenda por la Iglesia y el mundo.}
Los santos carmelitas son testigos del Dios vivo, almas encendidas por el fuego del Amado, hombres y mujeres que aprendieron en el silencio a escuchar la voz de Dios que habita dentro. En ellos se hace visible la belleza de una existencia transformada por la gracia, la vida escondida en Cristo y derramada en amor.
Santa Teresa de Jesús abrió el camino enseñando que la santidad nace del trato de amistad con Dios; San Juan de la Cruz nos mostró un Dios amor que nos busca incesantemente para inflamar nuestros corazones; Santa Teresa del Niño Jesús, nos muestra su caminito espiritual, la pequeña vía de la confianza; Santa Isabel de la Trinidad, nos recuerda la necesidad de dejarnos amar por Dios para ser alabanza de gloria en el corazón de la Trinidad. Así como ellos, tantos otros santos, hicieron de su vida una llama viva que ilumina al Carmelo Descalzo y a toda la Iglesia.
Ellos son la memoria viva del espíritu carmelitano: orantes, fraternos, contemplativos y apostólicos, totalmente entregados al Amor. En su ejemplo, el Carmelo Descalzo contempla el fruto maduro de su vocación y el eco eterno del corazón de nuestra Madre Santa Teresa: “Sólo Dios basta”.